El conjunto de los países de la UE produce más de 2.500 millones de toneladas de residuos al año.

La economía circular no es nueva en la historia.

La economía circular, posible crisol de una nueva forma de producir.

El Consejo de Ministros aprobó el pasado 25 de mayo el I Plan de Acción de Economía Circular (PAEC), dotado con un presupuesto de 1.529 millones de euros y 116 medidas que la Administración General del Estado pondrá en marcha a lo largo del trienio 2021-2023 para apoyar y consolidar de manera progresiva el despliegue de un modelo económico circular y descarbonizado. Esta propuesta fue realizada por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) y en ella se articulan  8 ejes de actuación que permitirán implementar acciones en economía circular vinculadas a la producción, consumo, gestión de residuos, materias primas secundarias y reutilización del agua. También, y con carácter transversal, se desplegarán actuaciones de sensibilización y participación, investigación, innovación y competitividad, y empleo y formación.

portada-paecEl Plan establece los siguientes objetivos para el año 2030: Reducir en un 30 % el consumo nacional de materiales en relación con el Producto Interior Bruto (PIB), tomando como año de referencia el 2010; reducir la generación de residuos un 15 % respecto de lo generado en 2010; reducir la generación residuos de alimentos en toda cadena alimentaria: 50 % de reducción per cápita a nivel de hogar y consumo minorista y un 20 % en las cadenas de producción y suministro a partir del año 2020, contribuyendo así al Objetivo de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas (ODS); incrementar la reutilización y preparación para la reutilización hasta llegar al 10 % de los residuos municipales generados; reducir la emisión de gases de efecto invernadero por debajo de los 10 millones de toneladas de CO2eq; y mejorar un 10 % la eficiencia en el uso del agua.

La economía circular es una alternativa imprescindible para la sostenibilidad. Se trata de un pensamiento económico basado en la reducción del consumo de los materiales y la producción de desechos. Con la economía circular se cierran los bucles o flujos económicos y ecológicos de los recursos. El Parlamento Europeo especifica que “la economía circular es un modelo de producción y consumo que implica compartir, alquilar, reutilizar, reparar, renovar y reciclar materiales y productos existentes todas las veces que sea posible para crear un valor añadido. De esta forma, el ciclo de vida de los productos se extiende. En la práctica, implica reducir los residuos al mínimo. Cuando un producto llega al final de su vida, sus materiales se mantienen dentro de la economía siempre que sea posible. Estos pueden ser productivamente utilizados una y otra vez, creando así un valor adicional” y agrega que “contrasta con el modelo económico lineal tradicional, basado principalmente en el concepto ‘usar y tirar’, que requiere de grandes cantidades de materiales y energía baratos y de fácil acceso. La obsolescencia programada contra la que el Parlamento Europeo pide medidas es también parte de este modelo”. El conjunto de los países de la UE produce más de 2.500 millones de toneladas de residuos al año.

La economía circular no es nueva en la historia

Un artículo de la Fundación AQUAE destaca a Maikel Kuijpers, profesor asistente en el Max Planck Institute for the History of Science, como uno de los estudiosos de la historia y el origen del concepto de economía circular. En este interesante artículo se afirma que la reutilización de objetos y materiales puede ser tan antigua como la herramienta en sí misma y pone como origen de la economía circular el Paleolítico o el Neolítico. En el Paleolítico se reutilizaban hachas de manos para fabricar herramientas más pequeñas y en el Neolítico se reciclaba la cerámica. Al estar hecha de arcilla, se fundía de nuevo para volver a usarse. En la Edad del Bronce, las piedras de gran tamaño se reutilizaban cambiándolas de sitio cuando en el primer lugar habían completado su función. Este comportamiento -explica Kuigpers– surgía por cuestión de necesidad, no por la conciencia ante el medio ambiente. De hecho, toda civilización ha ocasionado graves perjuicios a su entorno. La contaminación por la minería, los incendios forestales y la producción de desechos son solo algunos de los ejemplos. Sin embargo, la carencia de recursos ha ocasionado esa necesidad de reutilizar y reciclar durante muchas épocas.

El origen de la economía circular también nos lleva a la Edad del Bronce. Kuijpers propone que, en vez de usar el término «reutilización», se hable abiertamente de «economía circular». Del mismo modo, propone que a la hora de abordar eras pasadas se use el concepto «reciclaje» de manera más amplia. Con esto Kuijpers se refiere al reciclaje entendido como una práctica en la que los desechos (objetos usados) se reconvierten por completo para poder ser materia prima de nuevos productos. Esta práctica de transformación fue central en la economía y sociedad de civilizaciones como la de la Edad del Bronce. La aparición del bronce, producto de la fusión de cobre y estaño, obligó a innovar en el método de producción, puesto que era diferente a la de la madera o piedra. Este se centra en una tecnología transformadora donde la materia prima se funde y se deposita en un molde que permite la reproducción idéntica de objetos a cierta escala.

La economía circular, posible crisol de una nueva forma de producir

Si algo ha quedado patente en la pandemia es la debilidad de la economía española, muy dependiente del sector turístico y la construcción y con poco peso del sector industrial el cual, a su vez, todavía con una gran supeditación a las energías fósiles. Además, con la descorazonadora realidad del poco peso de la inversión en I+D+i, como lo confirma el último informe publicado por la Comisión Europea, European Innovation Scoreboard 2021, que indica que España ocupa el puesto 16 de 27 de los países de la UE, dos posiciones por detrás que un año antes y superado por países como Eslovenia, Italia y Malta, también dentro de la categoría de «innovadores moderados». Al frente del ranking se encuentran los líderes en innovación, los países nórdicos, Suecia, Finlandia y Dinamarca, y a la cola, los innovadores emergentes: Letonia, Bulgaria y Rumanía.

El «Eje de Producción» del PAEC establece, a su vez, tres ejes de desarrollo: El sector primario y bioindustria (circularidad en los ciclos biológicos), haciendo hincapié en la el desarrollo de materiales de origen biológico procedentes fundamentalmente del sector agroalimentario y forestal; Producción industrial (circularidad en los ciclos tecnológicos), donde se persigue la ecoeficacia que supone que la actividad económica esté basada en ciclos que permitan a los materiales mantener su estatus de recurso; y el Turismo, donde se especifica que la actividad turística no es ajena a los grandes retos ambientales, «en especial en un sector cuya competitividad está sujeta a los cambios de los flujos turísticos y al ahorro de costes de producción».

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