Mares y océanos, valores más allá del azul

VALORES MÁS ALLÁ DEL AZUL

Los ecosistemas marinos sanos son capaces de generar, a partir de elementos y factores bióticos y abióticos, estocs de capital natural y un conjunto de servicios ecosistémicos vitales para el mantenimiento de la vida y el bienestar humano. Servicios ecológicos como: ser el almacén primordial que permite el ciclo del agua entre mares y continentes, establecer la protección de la línea de costa, modular la estabilidad climática que permite el desarrollo de la vida marina en todas sus formas, la generación de la llamada «proteína perfecta» (Sharpless, 2013); una idea revolucionaria sobre la explotación sostenible del pescado azul para alimentar al mundo protegiendo los océanos.

El gran océano también mantiene sanas y productivas las pesquerías y conserva y produce biodiversidad. Genera el 60 % del oxígeno planetario y captura el carbono (carbono azul) sobrante de la atmósfera. Hay que estacar la función ecológica y ambiental de las praderas marinas, las cuales almacenan en sus sedimentos aproximadamente 83 TC/km 2 anuales, demostrando su mayor capacidad de retención de carbono comparado con otros ecosistemas terrestres (Fourqurean et al., 2012). Además, el proceso natural del sistema marino mantiene el paisaje litoral y las playas, elementos esenciales para nuestro bienestar y para mantener la economía del turismo a escala mundial. Por otro lado, el mar también nos provee de infinidad de principios activos (farmacología azul) de los cuales solo conocemos el 1 % para aplicaciones médicas, farmacológicas y cosméticas y que en un futuro próximo, con el uso de la inteligencia artificial y la biomimética, podremos descubrir y utilizar en todo su potencial.

El diagrama muestra algunos ecosistemas marinos (centro) y los servicios que brindan a las comunidades humanas (anillo exterior). Los ecosistemas marinos del planeta van desde arrecifes de coral tropicales, praderas submarinas, el medio pelágico oceánico y ecosistemas de hielo ártico. El cambio climático está alterando la estructura y función de los ecosistemas marinos y perturbando los servicios que nos brindan. Fuente: NOAA, 2019.

Diagrama que muestra algunos ecosistemas marinos y los servicios que brindan a las comunidades humanas

Desde el punto de vista académico, los servicios ecosistémicos se definen como la contribución directa e indirecta de los ecosistemas al bienestar humano. Actualmente, la valoración ambiental del concepto proporciona un valor monetario a estos servicios que, al no ser bienes comercializables en el mercado, no tienen un valor explícito. El mundo académico, sin embargo, necesita tener una valoración económica de los servicios ecosistémicos y darle valor monetario al capital natural con el objetivo de crear nuevos modelos económicos sostenibles y respetuosos con la naturaleza.

La publicación de Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (ONU, 2001) facilitó el desarrollo de nuevos enfoques en la clasificación de los servicios ecosistémicos y el mundo científico empezó a interesarse en la valoración económica de esos servicios naturales. En el año 2006, el Dr. Lars Hein publicó Spatial scales, stakeholders and the valuation of ecosystem services y catalizó la proliferación de estudios científicos que están aportando conocimiento a esta nueva visión de la economía ecológica.

Algunas cifras económicas sobre los servicios ecosistémicos que proveen los manglares están valorados en 16 mil millones de euros anuales (The Blue Carbon Initiative, 2016) en los cuales se incluye el soporte a las pesquerías protegiendo las áreas de desove de especies comerciales, mantener la salubridad de las aguas costeras, y proteger las infraestructuras y asentamientos humanos contra tormentas, inundaciones y de la erosión. Para los arrecifes coralinos, solo el turismo que se genera en el estado de Florida, genera ganancias por valor de 2,5 millardos de dólares anuales y los arrecifes del Caribe alrededor de 140 millardos de dólares.

Los enfoques integrados capaces de combinar aspectos ecológicos y socioeconómicos son muy necesarios para proteger las reservas de capital natural y garantizar la prestación de servicios de los ecosistemas marinos. Los servicios ecosistémicos se han convertido en un modelo dominante para ponerlos en valor y comprender cómo las personas obtienen recursos y bienestar de los ecosistemas. En este sentido, existe el grave riesgo de exaltar demasiado la disponibilidad de servicios ecosistémicos como un sustituto de los beneficios y, por lo tanto, podemos arriesgarnos a perder las formas socialmente establecidas por las que las personas acceden a los servicios ecosistémicos que el mar ofrece de forma gratuita.

Retos y riesgos

La población mundial no deja de crecer, estableciéndose en sociedades cada vez más complejas, interconectadas e interdependientes, con un denominador común: la cultura del crecimiento y el consumo donde todo, o casi todo, se compra y se vende y donde la presión sobre el medio marino es cada vez más difícil de frenar. Modular correctamente el crecimiento, sobre todo a través de la educación, es el primer reto que hay que afrontar sin dilación, si queremos seguir prosperando. Otro reto esencial es conseguir la conciliación del uso sostenible de los mares y océanos (ecología) con la gestión responsable de los recursos obtenidos (la economía). Este proceso de concordancia debe servir para romper el histórico aislamiento conceptual y profesional que ha dado lugar a que las políticas económicas y ambientales, se anulen mutuamente, en lugar de reforzarse e innovar para asegurar la vida de forma perdurable.

Para que esta metamorfosis tenga lugar hace falta incorporar en nuestras culturas un cambio de paradigma sobre los objetivos y visión de la economía que, lejos de la productividad y el beneficio a cualquier precio debe, por encima de todo, proteger el capital natural para que genere los réditos que permitan mantener sano y activo al propio ecosistema oceánico y aportar los servicios ecosistémicos suficientes para permitir la prosperidad humana bien entendida. Los retos que planteo como principales tienen un factor de dependencia desde un punto de vista humano en la economía y concretamente en la inversión en capital y recursos que los estados y las corporaciones deben realizar para cambiar las cosas. En este sentido, la protección eficaz de los ecosistemas marinos del planeta, tanto en zonas costeras de los continentes, como en los espacios insulares y en gran parte del imponente océano, es un reto fundamental que debemos aceptar para garantizar mares sanos, ecológicamente funcionales y productivos.

Queda manifiesto que las limitaciones de crecimiento de la humanidad en un planeta finito nos harán volver nuestra mirada al mar, porque nuestro futuro será marino o no será. Esto solo será posible si somos capaces de afrontar otro reto esencial, invertir los esfuerzos necesarios para impulsar la ciencia y mejorar nuestro conocimiento sobre el gran océano planetario. Las nuevas generaciones deben albergar la sabiduría para ver en los mares y océanos una oportunidad para el progreso humano, en el que prevalezcan un profundo respeto y la admiración por su naturaleza. Frente a los retos planteados, el mayor riesgo que puede experimentar la humanidad con el conocimiento y las herramientas de las que dispone en su periplo hacia el futuro, es no hacer nada y desvanecerse.

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